Sunday, January 11, 2004

Desde siempre tengo muchos problemas con mis ciclos de sueño-vigilia. Mi vieja sospecha que es algo biológico: Dice que cuando era chiquito lloraba toda la noche y dormía de día, y eso no cambió nunca. Mi excusa es que de día hay demasiado ruido, luz y familia como para estar vivo, y a mí me gusta el silencio, una lámpara baja y no me animo a decir que "estar solo", pero prefiero solo que mal acompañado.
Y encima, ultimamente (últimos 3 años), ni mi ciclo de vigilia ni el de sueño se acomodan geométricamente al día. O sea: hay 24 horas, lo normal es estar despierto 16 y dormir 8. Otros estarán despiertos 17 y dormirán 7, algún freak y/o cocainómano puede estar despierto 20 y dormir 4, y muchísima gente que conozco está despierta 8 y duerme 16. Otros, más simplistas, dividen entre 12 y 12. Pero yo no encuentro mi equilibrio. A las dieciseis horas no me vino nada de sueño, es imposible. Si me acuesto voy a estar angustiado intentando dormirme durante horas. Supuse, "Bueno, me dormiré a las 20 horas de estar despierto", y tampoco. En fin, no me puedo dormir a menos de 24 horas (con mucha suerte) de despierto por muchos intentos que haga. Y duermo, dependientemente de algo que no conozco, o 3 horas o 14 (soy un extremista). Entonces mis horarios resultan bastante caóticos.
Y esto se combina con otro problema, que en general suele ser mayor: me cuesta muchísimo ver los límites. Es algo normal, tengo 17 años. Pero no es que no los cumpla, que me rebele o que los trascienda. Es que no los veo. Y hoy, cuando un (viejo) amigo que trabaja de sereno, al cual no veo desde hace muchos meses, me dijo "venite al lugar en el medio del campo en el que tengo que estar toda la noche, vamos en bicicleta, traé algunas cervezas y faso" y yo asentí con muchísimas ganas de verlo, no me acordaba de que hace tres o cuatro días que no dormía. Y no me importaba, porque no me doy cuenta cuando que tengo sueño. Asi que fui a mi casa a darme una ducha, me la di, puse un disco de Keith Jarret y comí sandía para hacer tiempo (eran las 10, tenía que estar en su casa a las 11:30, y a las 11 quería ver el principio de Reservoir Dogs por USA). Y de golpe me desperté. Estaba en el suelo del living, no había más música, seguía prendida la lámpara reguladora con la luz baja, y quedaba bastante sandía. Tenía una toalla abajo del pelo desde que salí de la ducha, pantalones, medias y un borseguí. El otro borseguí estaba cerca de mi mano izquierda. Miré el reloj y eran las 4. Ya había dejado plantado a mi amigo y el principio de Reservoir Dogs había pasado hacía 5 horas. Pero él trabaja ahí, tenía que estar sí o sí, y todavía podía llegar, sorprenderlo y explicarle. Abrazarnos, destapar una cerveza y charlar 3 o 4 horas.
Entonces, bueno, las dudas obvias: Ponerme el borseguí que me faltaba e ir a visitarlo o sacarme el que tenía y meterme en la cama a dormir, y con suerte soñar.
Me paré, fui al baño, no me podía decidir. Leí 10 minutos mientras trataba de decidirme, no pude, miraba el borseguí que tengo puesto y el que estaba en el suelo, no sabía qué hacer, y además la angustia, la puta angustia que me da el hecho de gastar 5 horas de la noche en dormir, que es una angustia que parece inventada, pero no, y la angustia por boluda que sea duele, se clava en un lugar del pecho y se clava y duele y asfixia como un humo que se va propagando desde el vientre hasta la nuca. Puse el disco de Metheny y Charlie Haden para ver si me decidía por ponerme un borseguí o sacarme el otro, para tranquilizarme puse uno de Dino Saluzzi que es precioso y leí algo de Saer mientras pensaba en los borseguíes, qué hacer, sintiéndome un imbécil, y esos putos borseguíes, y tener uno solo, encima, no hay nada más incómodo que tener puesto un solo borseguí, un pie a dos centímetros del suelo y el otro ahí, en el suelo, enfriándose. Llegó el diario leí dos boludeces de la Viva y el Radar y me decidí, iba a salir, solamente porque después me quejo de que los sábados me quedo encerrado y solo tomando algo y escuchando música o como mucho mirando alguna película con algún amigo, entonces cerré Cicatrices, de Saer, lo callé a Saluzzi y antes de ponerme el borseguí me asomé a la ventana.
Ya había sol. Era bastante obvio. Siempre pasan estas cosas.

La próxima vez que vea una chica que me gusta en un bar no voy a dudar tanto. Porque se van. Como la noche o como las moras más maduras.

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