Saturday, January 10, 2004

Soy un fanático, más que de ninguna otra cosa en la literatura, de los principios de novelas -especialmente de la primera frase. Me parece algo fundamental desde, más o menos, 1940. Y ni hablar de la posmodernidad. Además me aburro muy fácil, y si no me enganchan desde la primera letra no me dan ganas de seguir leyendo.
El último (último por fecha de publicación) gran principio que leí es el de la novela de Kohan "Dos veces junio", que es algo asi como

"El cuaderno de notas estaba abierto en medio de la mesa. Había una sola frase escrita en esas dos páginas que quedaban a la vista. Decía: "¿A partir de qué edad se puede empesar a torturar a una niño?"."

(Aclaración para desentendidos o distraídos: el error ortográfico es s/z, de Barthes).

Asi como el comienzo perfecto para un cuento me parece el de Kafka, en el buitre,

"Érase un buitre que me picoteaba los pies."


Pero nunca disfruté y gocé más de un principio ni creo volver a hacerlo con el énfasis que me trajo este:

"Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita."

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