Wednesday, April 21, 2004

Hola. No me conocés ni yo te conozco, pero te cruzo cada tanto en Puán, sos muy linda, me dieron tu dirección de mail, asi que acá estoy, escribiéndole a una desconocida. No sé cómo hacer ésto, me da una mezcla de verguenza y de no saber quien ser, porque uno siempre es lo que es en base a la otra persona, todo es especular, y ahora estoy siendo para un ciego, para alguien de quien no sé nada. Cómo harán los ciegos. Me gustaría enamorarme de una ciega. Que no me vea, que sepa como soy por tacto pero que no me bañe y me arrope mirándome todo el tiempo, con esa constante que es la visión, y con ese sonido tan insoportable que es el sonido de la visión.
Bueno, esto es difícil, no sé por dónde empezar. Tengo 18 años, cumplidos hace una semana. Me llamo Manuel, pero nadie me dice Manuel, soy Manu, debería decir "Manu" en mi documento. También estoy obsesionado con los nombres, con como un nombre puede ausentar o presentar a cualquier cuerpo, entre otras cosas. Pero más me obsesiona lo sin nombre, lo puramente abstracto. Yo creo que Freud se equivocaba cuando decía que somos lenguaje, yo puedo pensar sin lenguaje. Lo que no puedo es demostrarlo, asi que a nadie le importa. No puedo mirar sin lenguaje, a todo lo miro como si fuera literatura y lo narro. Hay hombres de carne y hombres del verbo, yo estoy entre los segundos, escribo antes que hablo.
A eso me dedico, me da asco decir que soy poeta, pero lo soy. Sé que soy bueno y que todavía no escribí los mejores poemas que tengo. De hecho, escribí los peores. Pero estoy haciendo literatura constantemente, me resulta tanto un ensayo escribir como mirar, pensar en teoría literaria como revolver un café. La teoría literaria se ocupa de ponerle nombre a cosas que cualquier escritor ya sabe, pero lo sabe en abstracto. O sea, hacerlas reales. A mí me gusta la teoría, pero prefiero la literatura en su estado puro, en los libros. Aunque no sé si yo voy a escribir libros. Me parece pelotudo. Todos los escritores y poetas que conozco, aunque los admiro, me parecen idiotas. Un librito hoy en día no sirve para nada, no cambia nada. Sí eran algo hace tres siglos, tenían poder, pero hoy son eso, "libritos", libritos de poesía, como escupitajos, son mucho más útiles al escritor que al lector, lo que me resulta patético. Me gustaría bañar en letras al mundo. Me gustaría a la mañana, al crucificarme abriendo la ventana, en vez de vomitar una ciudad, vomitar un texto. Aunque la ciudad es un texto, un tejido. Pero hablo de letras, solamente letras. Encontrar el modo de demostrar que el mundo y la vida son poemas perfectos y nada más que eso. Y eso no se hace con libritos que formen parte del mismo mundo, del mismo tejido, del mismo poema. Posiblemente sí se haga con una película, que no es un objeto, es luz que influye directamente en el sistema ocular y en la psiquis que el sistema ocular controla. Porque la mirada, como un poema, es infinita, y esconde tantos rincones y recovecos como metáforas, símbolos y delirios. En el cine se le saca el infinito poniéndole un marco, pero aún asi, es un método mucho más directo que estos libritos de mierda que hoy se sacan como pan. Los escritores son pelotudos aburridos, salvo excepciones. De los contemporáneos, Bolaño y Panero me parecen las excepciones que conozco. Ellos están mucho más allá, saben cosas que los demás no saben, y no son tan aburridos. Los directores de cine, en cambio, son gente más interesante.
Bueno, decía, soy un poeta, y no pienso en mucho más que en literatura y sexo, que son al fin y al cabo casi lo mismo. Soy un buen poeta, puedo sacar imágenes a montones, puedo hablar de un falo de madera naufragando, de dos talones anudados, del eje que une a los labios del día y los labios de la noche cuando se rozan sin besarse, de un camino de hormigas bañando mi médula espinal, del primer gusano que salga por mis ojos, del hombre que al atardecer camina silbando mientras su cabeza se desinfla, y me resulta horrorosamente fácil todo eso, y decir algo con todo eso. Me cuesta más lo técnico, pero con 5 minutos puedo escribir un poemita que le guste a cualquiera. Menos a mí, claro. Creo en el alma, creo que eso existe y que tiene que ver con el momento en que una percepción deja de ser una percepción para adentrarse en lo fisiológico, pero el momento justo, el eje, no el antes ni el después, porque el presente sí existe y es lo único que existe. Y creo que es en ese eje donde un buen poema cae como una roca, abollándolo. Y todavía, a eso, no lo conseguí. Pero ojo: tampoco lo consiguió ningún poeta vivo que conozca, salvo Leopoldo María Panero en una o dos ocasiones.
Me gustaría escribir mientras cojo. Yo tendría que estar panza arriba y la mujer montándome. Yo sostendo el cuaderno arriba de mi cara y escribo con letra deforme, pero escribo versos sueltos. La mujer tendría que fingir su aburrimiento para que funcione.
Me gusta que me muerdan el vientre y me metan una lengua en el ombligo. Me gusta que me besen. Nada me gusta más que la piel femenina.
Además, estoy muy solo. Cada tanto cojo, pero nada más. Me aburro mucho. Vivo solo. Creo que desde que nací viví solo, pero ahora no comparto con nadie mi departamento. Tuve una novia a la que amé muchísimo, Melina, y un par de historias bastante oscuras. Desde Melina estuve con dos o tres sin que se forme nada de nada, cuando alguna me gusta, yo no le gusto a ella, o lo que pasa en la mayoría de los casos, "me gustás muchísimo, Manu, pero no estoy preparada para estar con vos", o porquerías semejantes, creo que le doy miedo a la gente. Y sé que soy muy intenso y que debe ser difícil estar conmigo. A mí, sin embargo, me encanta ser yo. Me encanta llorar y rasguñarme la cara y cortarme el cuerpo después de haber tomado una botella de whisky, me encanta caminar horas sin llegar a ningún lado, me encanta angustiarme y pensar en el suicidio cada vez que anochece, pero lo que no me gusta, de ninguna manera, es estar solo. Los amigos no sirven demasiado. Y de algún modo siempre supe que, pase lo que pase, voy a estar absolutamente solo para siempre. Pero me gustaría durante un tiempo engañarme, o por lo menos estar contento con una mina, compartiendo mi whisky, caminando por San Telmo un domingo, desayunando besos y porros, preparando un viaje para el día siguiente, yéndonos de viaje al día siguiente creyendo que no vamos a volver nunca más. Abrazados o besándonos cada tanto. Por dios, cómo me permito ser tan cursi.
Me gustan las chicas de ojos raros, me gusta San Telmo, los vientres, las lenguas, los cuerpos en general, los ombligos, la coca cola, el whisky, el vino, las drogas, los cuellos, me entristece que digan que parezco un personaje de Salinger y no creo que sea asi, yo tengo mucho sentido del humor, esto me aburre.
La música, el teatro.
Creo que hay gente del ruido y gente del silencio. Del mismo modo, hay gente que cuando escucha música escucha las notas, y otros que escuchamos los silencios de entre las notas. Es la diferencia entre los que vemos un infinito y los que ven con marcos. Algo con un marco también es infinito, como lo es una pestaña, pero el marco, el borde, intenta ocultar esa idea, y en general lo consigue. A mí no me gustan los marcos porque soy incapaz de ver los límites, no creo que existan, aunque la gente dice que sí.
Bueno, esto más que un mail fue un confesionario. Katarsis, como dijo aristóteles en su Poética. Seguro te aburriste, lo escribí para mí. Puedo haberte caído tan mal como bien (no dejo de pensar en eso); en todo caso, te ruego que no me lo respondas. Si querés escribirme hacelo como si no me conocieras y como si nunca te hubiera escrito esto. O sino, llamame al 1550980371, te invito con un café o cervezas, como prefieras, y nos vemos las caras.
Un beso,
Manu.

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